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domingo, 24 de marzo de 2013

COMO LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

La idea en principio era un relato que tuviera como protagonista al comandante Gregal (también conocido como Deck) y, sin proponérmelo, quedó como un obvio homenaje. Tan obvio que no sé si poner...
Bueno, sí, la pongo, porque habrá quien no la recuerde:

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".


Aprovecho para recomendar vivamente la novela de Rosa Montero del mismo título que esta entrada. Es de una calidad reconfortante en medio de la mediocridad que nos invade.






EL ÚLTIMO DRAGÓN

Sentado en el asiento del copiloto, frente al panel de mandos, Roy entretenía la espera jugando con la consola a uno de los juegos más antiguo de la Galaxia, el que consistía en encajar piezas de diferentes tamaños y colores para formar filas que desaparecían cuando estaban completas. El comandante Gregal, inclinado sobre la pantalla en la que se dibujaba el mapa de la zona, daba un último repaso a los cálculos mientras tarareaba en voz baja la música que le llegaba por los auriculares. El volumen estaba tan alto que Roy podía distinguir los potentes acordes de los Carmina Burana pero el comandante no parecía haberse dado cuenta, absorto en confirmar los detalles de la trayectoria que les llevaría a reunirse con las tropas del Ejército Estatal. Nadie habría dicho que, bajo la calma que Gregal aparentaba, se contenía una tensión capaz de organizar y dirigir la más complicada de las operaciones.
 Frente a ellos se extendía el semicírculo del Bálteo y, a su espalda, en formación de flecha, la escuadrilla de los Dragones daba la popa a la M42 y esperaba la orden de iniciar la marcha.
En su camino hacia el frente de batalla habían atravesado la puerta de Tannhäuser bajo la lluvia de Rayos C del enemigo pero los Dragones eran más rápidos y, sobre todo, tenían más facilidad de maniobra que los pesados Flash del ejército rebelde. Gracias a eso habían conseguido escapar a la emboscada. Las tropas del Ejército Estatal esperaban el refuerzo del escuadrón para hacer frente al avance de los sublevados.
Al cabo de unos minutos, el comandante se enderezó en su asiento, se quitó los auriculares y, con un gesto, le pidió a Roy que le alcanzara el casco. Era la señal. Roy apagó la videoconsola y conectó la comunicación con el resto de las naves.
--¡Dragón Dos! --llamó el comandante.
--¡Listo! --contestaron desde la nave situada a su popa.
--¡Dragón Tres! 
--¡Listo! --respondió la voz desde el extremo del flanco derecho de la formación.
--¡Dragón Cuatro!

                                               

No los vieron llegar. Surgieron como si se materializaran desde la nada justo cuando los Dragones, después de atacar la retaguardia enemiga, regresaban junto a los cruceros Magnum. Los Speed rebeldes cayeron sobre ellos con una lluvia de fuego que, avanzando desde la cola de la formación, incendió las naves una a una mientras, en la cabina del Dragón Uno, los tímpanos de Roy y del comandante Gregal retumbaban con el estruendo de la deflagración.
--¡No mires atrás! --gritó el comandante mientras apuraba la potencia de los propulsores.
Pero Roy no pudo evitar volver la cabeza para ver cómo el negro telón del cielo se iluminaba con el estallido de los Dragones, para asistir al trágico espectáculo de las naves ardiendo más allá de Orión.
"Espero sobrevivir”, pensó, “espero poder contarlo para que todas estas cosas no se pierdan en el tiempo como lágrimas en la lluvia".



6 comentarios:

  1. Vaya, se me han puesto los vellos de punta, hija.
    Eres capaz de dominar muchísimo estilos y eso siempre me resulta fascinante. Creo que es una enorme virtud ser una escritora con tantísimos registros.
    Un beso preciosa!

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    1. Gracias, guapísima.
      No sé si eso de "cantar por todos los palos", como dice mi amigo Sap (paisano tuyo, por cierto) es bueno o malo pero... tendremos que conformarmos.
      Un abrazo enorme.

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  2. Ni que vengan de las galaxias o del centro de la tierra, no se te resiste nada, entra la musa y arrollas.
    Besistos sin lluvia.

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    1. Me gusta jugar a "lo que podría haber sido", ya lo sabes, y en esta ocasión imaginé lo que empuja a Roy Batty a decir lo que dice al final de Blade Runner.
      La musa estuvo atenta.
      :-)
      Un abrazo, cariño, seco pero muy cálido.

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  3. Estoy segura de que fue exactamente así, no pudo ser de otra forma. ¡Qué gusto leerte de nuevo! Besos

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  4. Comadre, tú ya estás más allá de Orión, deja una miguica de pan pa los que vamos detrás.
    Salud.

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