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martes, 10 de mayo de 2016

LA UTILIDAD DE LOS LIBROS

Prefiero no calcular el tiempo que llevaba sin poner nada aquí. 
Tengo un amigo que dice que trabaja mejor bajo presión y algo parecido me debe de pasar a mí porque me ha bastado leer "...cinco líneas, Arial 12, el libro como tema general..." para que me hicieran sinapsis dos de la media docena de neuronas que me quedan.
En fin.






Foto tomada de lamentable.org





LA UTILIDAD DE LOS LIBROS


Me di la vuelta y me acerqué a la estantería. A mi espalda seguían los gritos, los reproches, las amenazas, los insultos disfrazados de bondad. Pronto los sentí muy cerca, estallando en mi nuca, en la ya sabida progresión que anunciaba el golpe. Mi reacción fue tan rápida que no tuvo tiempo de ver cómo el pesado tomo del DRAE le reventaba la cara.
Mi madre solía decir que en los libros están todas las respuestas.


miércoles, 16 de diciembre de 2015

MUÑECA RUSA

Aquí está el relato. Doscientas palabras justas. Puede que no sea del todo malo porque quedó el tercero entre más de dos mil. Cuando pensé en escribirlo recordé que en algún lugar había leído algo que hacía referencia a... me gustó la idea y la usé para contar mi minihistoria negra. La memoria me falla (digo en mi descargo que esa lectura tuvo lugar hace casi cuarenta años) pero San Gúguel no: era una cita al inicio de "La tía Julia y el escribidor", de Mario Vargas Llosa. Juego de muñecas rusas o de espejos infinitos, aunque en mi relato solo haya dos matrioskas y dos imágenes.

Y, como ilustración, nadie mejor que mi Julio.



El grafógrafo
a Octavio Paz

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

Salvador Elizondo



Imagen tomada de aproxlitecomteu.wordpres.com




MUÑECA RUSA


Juan encendió el ordenador dispuesto a acabar la novela. Era la tercera de la trilogía y el éxito de las dos primeras había aumentado las exigencias de la editorial. Querían un final brillante, inesperado.

Años antes, trabajando en periodismo de investigación, se había infiltrado en un cártel sudamericano. Abandonó al poco tiempo, asustado de la facilidad con que se despachaba a camellos y prostitutas, pero había tenido tiempo de conocer los entresijos del negocio. Con eso y con bastante imaginación había montado las aventuras de su personaje: un periodista  escritor infiltrado en una banda de narcotraficantes y proxenetas.

Tendrían un final inesperado: su protagonista escribiría el último capítulo sin sospechar que había sido descubierto y habían ordenado su muerte.

Absorto en la escritura, Juan no oyó la puerta ni los pasos que se acercaron a su espalda.


Tampoco el disparo silenciado que le atravesó la cabeza justo cuando escribía “FIN”.


jueves, 3 de diciembre de 2015

COSAS DEL KARMA



Serán cosas del karma pero, como dice MariFé de Alejandría, si no te fijas en lo que siembras, no te sorprendas de lo que cosechas.






Imagen tomada de artesanum.com


ESPEJO, ESPEJITO...


Lo que son las cosas, espejo, espejito mágico. Aquí me tienes, asomada a tu cristal, buscando otra arruga más en las mejillas, otro surco más profundo junto a los labios, otra bolsa bajo los ojos, otra cana...

Total, solo hace veintiocho años que conocí a Julián, que me encapriché de él y que hice todo lo posible por engatusarle, a pesar de que era el novio de mi amiga Lucía. Es mucho tiempo, espejito, ¿verdad?, muchos días, uno tras otro... Y un día descubres algo que parece el inicio de una pata de gallo y al otro ese ligero frunce del labio superior... Y una semana más tarde te das cuenta de que has perdido mucho pelo...

Yo entonces no lo sabía, ni siquiera podía imaginarme que algún día dejaría de ser la chica preciosa de mirada brillante que había conseguido que Julián abandonara a Lucía y se casara con ella. Nadie espera eso, nadie piensa que puede pasarle.


Pero me ha pasado. Como a todo el mundo. Y no me importaría, espejo, espejito... Te juro que no me importaría no tener las mejillas tersas ni la piel apagada ni el pelo lleno de canas ni los ojos cansados si no fuera porque Julián se ha marchado, me ha abandonado y se ha ido con una de las empleadas de la agencia, una jovencita preciosa de veintiocho años, piel radiante, ojos de gata y melena rubia. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

WAYS OF LOSING, MANERAS DE PERDER

Estoy vaga pero no del todo inactiva. Tras arduos esfuerzos, con la ayuda impagable de Pedro P. de Andrés, el arte de Caco Manrique y la magnífica traducción de Silvia Cuevas-Morales, he conseguido poner Maneras de perder en Amazon, en español y en inglés.

Por si os da pereza o tenéis problemas para conseguirla en papel.

Os dejo los enlaces. Atentos a la portada, es una especie de metáfora del contenido.

Gracias a todos.







http://www.amazon.es/gp/product/B017TCUT84?*Version*=1&*entries*=0





http://www.amazon.es/gp/product/B017TCUVBO?*Version*=1&*entries*=0

domingo, 8 de noviembre de 2015

EL REY Y LA REINA

He repasado todas las entradas del blog y no encuentro ninguna con este título así que supongo que el texto es nuevo en este espacio.
Me lo ha recordado el anuncio de la presentación del libro de Soledad Serrano Fabre Pudo suceder así.
Va por ella y por el éxito seguro del libro (Soledad es de las Grandes).





Imagen tomada de kappostorias.blogspot.com




EL REY Y LA REINA

Los amantes se encontraron en una de las puertas de la muralla y se fundieron en un abrazo apasionado.
—¡Amor mío! —susurró ella.
—¡Luz de mi vida, oasis de mi desierto! —contestó él.
—Cuánto tiempo desde la última vez…
—Demasiado, paloma mía… Llevo varias noches sin dormir pensando en este momento.
—Yo también, azor de mi corazón.
—¿Y tu marido, rosa de Jericó?
—Allá abajo, en nuestro campamento, roncando como un gorrino. Cuando coge el sueño no lo despiertan ni los truenos de Santa Bárbara.
—Qué ganas tengo de que acabe todo esto, Isabel…
—Y yo, galgo mío, pero pronto nuestros problemas dejarán de serlo. ¿Sabes, Boabdil,  que me he comprado una camisa nueva para cuando llegue el gran día?


viernes, 2 de octubre de 2015

NÚMEROS

El otro día vino la musa un ratito, justo para que me diera tiempo a escribir este micro (ciento veinte palabras) para los amigos de Gigantes de Liliput.

Para mayor alegría, he encontrado esta maravillosa imagen que mezcla dos de los ingredientes más sabrosos de mi vida: los libros y Markus Cornelius Escher.






Imagen tomada de pasenylean.com




SUMAS Y RESTAS


Seis para Ingeniería, otros tantos para Arquitectura, Física y Matemáticas, lo que haría un total de veinticuatro; diez para Latín y Griego, quince para Filosofía, Historia y Bellas Artes; veinte (qué menos) para Filologías varias, veintitantos para unos cuantos idiomas, y una cantidad casi imposible de determinar para leer todo lo leíble.

Volvió a sumar. El resultado volvía a ser excesivo. Les quitó algunos años a la Botánica y a la Astronomía. Seguían siendo muchos.

Renunció a la Oceanografía y a la Filología bíblica trilingüe. Ni así.

Ni siquiera suprimiendo Derecho y Administración de Empresas conseguía que todo lo que quería saber cupiera en una vida de ochenta años.


Por más vueltas que le daba, no le salían las cuentas.

viernes, 11 de septiembre de 2015

"JULIA", UNA RECOMENDACIÓN

Lo reconozco, estoy vaga de solemnidad. Podría decir en mi descargo que hay un nuevo miembro en la familia que absorbe parte de mi tiempo pero reconozco que como excusa es más bien pobre. También podría echarle la culpa de mi inactividad a la golfa de mi musa, tan amiga de escabullirse en cuanto tiene ocasión, pero este pretexto es más pobre aún, si cabe, que el anterior, porque todo el mundo sabe que cuando llegue la inspiración te tiene que encontrar trabajando. Y yo hace mucho que no me pongo a la tarea. De modo que, ya que no hay justificación para mi indolencia, haré al menos un poco de publicidad del libro de una amiga. Lo escribió hace muchos años y lo tenía guardado en un cajón pero, al parecer, le ha dado un pronto y lo ha puesto en Amazon.




Creo que la portada no necesita explicación. En efecto, se trata de una novela erótica. Aunque, en mi opinión, no demasiado erótica, la mayor parte del texto está empleada en desarrollar una historia romántica. Así que, si os gustan este tipo de relatos, os la recomiendo, porque es amena y, efectos secundarios aparte, se lee de un tirón.

Y como el principio lo podéis leer en Amazon, os pongo un fragmento del capítulo 22.


Se levantaron y lo siguieron, a través de dos salones, hasta una puerta de madera tallada. La golpeó con los nudillos y, sin esperar respuesta, la abrió y se hizo a un lado para dejarlos pasar. César le cedió el paso a Julia, de modo que fue ella la primera en ver a la mujer alta, fuerte, vestida con una larga túnica de seda verde, enjoyada con largos pendientes y varios collares, sentada en un gran sofá tapizado de damasco. En cuanto los vio se puso en pie y caminó hacia ellos. Abrazó cariñosamente a César y lo besó en las mejillas.
—¡Querido! —exclamó— ¡cuánto tiempo sin venir a verme!
—He estado ocupado —dijo César sonriendo.
—Ya veo —contestó la mujer mirando a Julia de arriba abajo—... y lo comprendo. Cualquier cosa es mejor que visitar a una vieja aburrida.
—No empieces, Lola —dijo César—, todavía no eres vieja y nunca has sido ni serás aburrida.
—Ya lo sé —dijo la mujer haciendo un gesto coqueto—, pero me encanta que me lo digas —Se volvió hacia Julia—. Bueno... preséntanos...
César las presentó. Doña Lola besó a Julia en las mejillas, la cogió de la mano y la condujo hacia el sofá. Le hizo un gesto para que no se sentara, se alejó de ella unos pasos y volvió a mirarla detenidamente. César se había sentado en un sillón cercano y miraba a la mujer como quien espera un veredicto.
—Es realmente adorable —dijo doña Lola con un suspiro— ¿Dónde la has encontrado?
—Es un regalo de mi hada madrina —contestó César.
Copión, pensó Julia. La frase era de Luis, la había dicho, precisamente, cuando César le preguntó de dónde había sacado a Julia. Doña Lola se sentó en un sillón y soltó una carcajada. Con un movimiento de la mano le indicó que se sentara.
—No sé si tienes hada madrina, querido —dijo—, pero, si la tuvieras, estoy segura de que no malgastaría sus poderes haciendo un regalo como este a un chico malo como tú.
—No lo estropees, Lola —dijo César—. Llevo semanas intentando convencerla de que soy una persona de fiar.
Doña Lola volvió a reír. Se puso en pie y se dirigió hacia un carro de bebidas que estaba al otro extremo de la habitación. Al pasar junto a su lado le rozó la mejilla con los dedos.
—Ella sabe que estoy bromeando, ¿verdad, querida? Ya se ha dado cuenta de que te quiero y de que finjo estar enfadada contigo porque no te perdono que no hayas venido antes a verme y a traerme noticias de los amigos. ¿Whisky?
Empezó a preparar los vasos sin esperar contestación. Julia la observó por detrás. Calculó que tendría unos cincuenta años, quizá alguno más, y  tenía que haber sido una mujer muy guapa. Todavía tenía la piel fina y suave y unos brillantes ojos verdes. El pelo, negro y peinado hacia atrás, conservaba brillo y fuerza. Le dio un vaso a César y cogió otros dos del carro. Le alargó uno a Julia y fue a sentarse al sillón que se encontraba frente a César. Julia se quedó mirando el vaso y pensó que no debía beber. Aún se notaba ligeramente mareada después del viaje y se daba cuenta de que no podía pensar con claridad, como cuando tomaba Valium. De hecho, la situación era, cuanto menos, bastante extraña y, sin embargo, se encontraba como si empezar las vacaciones haciendo una visita a aquella extraña mujer fuera la cosa más normal del mundo. Realmente, el champán le había sentado muy mal.
Doña Lola se recostó en el sillón y levantó su vaso.
—Por vosotros —dijo.
Julia levantó también el suyo y dio un pequeño sorbo de whisky. Estaba muy bueno pero no debía beber más.
—Y bien, César —dijo doña Lola después de una pequeña pausa—... el otro día no terminamos de  hablar de lo que nos interesa. ¿Quieres explicarme ahora qué es, exactamente, lo que necesitas?



Y aquí podéis echar un vistazo y descargarlo.

http://www.amazon.es/Julia-Victoria-Broch-ebook/dp/B012PQGFQY